La historia taurina de Colmenar de Oreja: siglos de tradición que siguen marcando el ritmo de sus calles

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Desde las primeras referencias documentales en 1600 hasta la labor incansable de sus asociaciones actuales, el municipio madrileño mantiene intacta la esencia de una fiesta que ha resistido al paso del tiempo.

En Colmenar de Oreja, el toro no es únicamente un animal, sino un «latido antiguo» que sigue marcando el ritmo de sus calles. Las raíces de esta enorme tradición se pueden rastrear a través de los siglos gracias a los registros históricos del municipio. La primera constancia documental de espectáculos taurinos data de alrededor del año 1600, cuando ya se corrían novillos frente al convento de los franciscanos. Más adelante, se tiene constancia de otro gran hito en 1774, año en el que se celebró una corrida de novillos en honor a la boda del conde de Colmenar con la princesa de Pignatelli.

Durante todo el siglo XIX existe abundante documentación sobre la celebración de grandes espectáculos en la villa. Por Colmenar de Oreja han desfilado las máximas figuras del toreo, contando con la participación de leyendas como Cagancho, el Niño de la Palma, Marcial Lalanda, y dinastías históricas como la saga de los Ordóñez y los Bienvenida. La tauromaquia cuenta con una raíz histórica tan importante que se ha convertido en el eje indispensable de sus festejos, definiéndose por una continuidad casi inquebrantable: la tradición de los toros nunca se ha perdido y solo llegó a interrumpirse de forma excepcional entre los años 1936 y 1939 con motivo de la Guerra Civil española.

Esa envidiable continuidad perdura hoy en día gracias a quienes se esfuerzan por mantener vivas las costumbres. Actualmente, agrupaciones como la Asociación Taurina y la «cuadra de emboladores» de Colmenar de Oreja toman el relevo organizando actividades y recorriendo toda España para participar en concursos nacionales de emboladores, certámenes en los que se premia la destreza y la rapidez. Para estos aficionados, su labor no consiste únicamente en un concurso, sino en rescatar una práctica que antaño fue el eje central de las fiestas, recuperando así una parte vital del pasado del pueblo.

La tradición taurina en Colmenar de Oreja no es algo que simplemente se observe, sino que se vive intensamente y se respira desde la cuna. Crecer en la localidad significa hacerlo inmerso en un ambiente repleto de encierros y festejos populares que, en muchos casos, despiertan desde la infancia «la llama que uno lleva dentro» para acercarse al mundo del toro. De la infancia directamente a la plaza, Colmenar de Oreja mantiene viva una relación y un compromiso con la tauromaquia que ha sabido resistir estoicamente el paso del tiempo.

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