El veterano torilero de la localidad relata la evolución de la plaza, desde sus orígenes con remolques hasta convertirse en el emblema de un pueblo que «vive» el mundo del toro.
VALDILECHA – Hay historias que solo pueden contarse con propiedad cuando se viven desde dentro, y en Valdilecha, esa voz pertenece a su torilero, quien ha custodiado los toriles de la plaza durante 45 años. A lo largo de casi medio siglo, ha sido testigo directo de la transformación de una tradición que define la identidad de este municipio madrileño,.
De los remolques a la plaza fija La fisonomía de la fiesta ha cambiado drásticamente. Los vecinos aún recuerdan cuando la plaza no era una estructura fija, sino que se montaba utilizando remolques y otros elementos provisionales. Fue bajo el mandato del alcalde José María cuando se inauguró la actual plaza de toros El Rejal, un nombre que rinde homenaje a la geografía local, ya que se sitúa en lo que antiguamente era una cañada por donde bajaba el agua,.
Un vínculo histórico y cultural Para Valdilecha, el toro no es un festejo aislado, sino un elemento vinculado históricamente a su tejido social. Desde las antiguas celebraciones de la hermandad de San José, donde siempre se conttaba con la presencia de reses, hasta las becerradas locales con diferentes cuadrillas que animaban al pueblo cada año, la afición ha sido el motor de la comunidad,.
Toda una vida en los toriles A pesar del paso de las décadas y el relevo generacional, el torilero de Valdilecha permanece en su sitio. Aunque reconoce que hoy vive su labor con más tranquilidad, asegura que «las fuerzas van desapareciendo, pero la afición va por dentro», manteniendo intactas las ganas y la fe en una tradición que en este pueblo no se explica, simplemente se vive.
