Desde las primeras referencias documentales de 1619 hasta la labor de la Asociación Taurina local, el municipio madrileño mantiene intacta la esencia de una fiesta que define su identidad.
En Algete, la tauromaquia no es una moda pasajera, sino una historia profundamente arraigada que se respira en cada rincón del pueblo. Las raíces de esta tradición se remontan a siglos atrás, mucho antes de que existieran las plazas de obra, cuando los propios vecinos construían los espacios para los festejos con sus manos. La referencia documental más antigua data de 1619, año en el que se construyeron soportales con gradas en la actual plaza para presenciar los espectáculos, aunque se tiene constancia de que la actividad taurina en la plaza del mercado y el callejón de los toros es incluso anterior a esa fecha.
Durante siglos, el epicentro de la fiesta se situaba junto a la iglesia, donde se levantaba una plaza efímera. Este espacio evolucionó desde sus inicios, cuando simplemente se cortaban las calles con carros, hasta la instalación de tablados y gradas más elegantes situadas junto a la pared del templo. Todavía hoy es posible observar vestigios de aquella época, como la numeración de los antiguos tendidos que marcaban el lugar donde los vecinos se reunían para disfrutar de los toros.
Para los habitantes de Algete, la presencia del toro es un elemento indispensable de su cultura, hasta el punto de que «si no hay toros parece que no es fiesta». Con el objetivo de preservar este legado, una nueva generación tomó el relevo en 2007 con la creación de la Asociación Taurina de Algete. Esta agrupación nació con la misión de recuperar tradiciones perdidas, destacando entre ellas el emblemático «toro de los mozos»,.
Este festejo consiste en la suelta de un toro para el disfrute de los jóvenes del pueblo, recuperando una práctica antigua que simboliza la unión entre el pasado y el presente de la localidad. A pesar de los cambios lógicos del paso del tiempo y la evolución de las infraestructuras, Algete ha logrado mantener su esencia intacta, demostrando que el toro no es solo una parte de la fiesta, sino una parte fundamental de su historia y de su gente.

