El diestro salmantino, que lidiará en la segunda fase del certamen el próximo 13 de junio en Daganzo de Arriba, reflexiona sobre su trayectoria, el peso de ser etiquetado como «torero de clase» y su gran objetivo de regresar a Las Ventas
Alejandro Marcos afronta la segunda fase de la Copa Chenel con una madurez renovada y la mirada puesta en Madrid. A punto de cumplir diez años de alternativa, el diestro salmantino natural de La Fuente de San Esteban reconoce que la vitola de «torero de clase» que siempre le ha acompañado ya no es suficiente para abrirse camino. «El aficionado siempre me ha catalogado como un torero de clase (…) pero en este momento sabes que de buen torero no se come, hay que hacer muchas cosas más para poder funcionar», confesó en una reciente entrevista para el programa La Encerrona.
Su objetivo en esta edición del certamen es dejar atrás el conformismo y dar un golpe sobre la mesa: «Me gustaría que dijeran que aparte de ser buen torero (…) no he venido a pegar ocho muletazos, sino a cuajar los toros y a ser alguien importante en esto».
De la afición en los pueblos a codearse con las figuras El amor por la tauromaquia de Alejandro Marcos nació en su infancia, cuando en lugar de ir a la piscina pasaba los veranos viajando de pueblo en pueblo con su tío Pedro para ver las novilladas de la escuela taurina. A los 16 años se quitó la «mochila de responsabilidad y de vergüenza» que le imponía la figura del torero y decidió dar el paso. Sus cimientos técnicos se forjaron gracias a su maestro Juan José, aunque siempre ha tenido presentes a los grandes referentes de su tierra, como Julio Robles, Paco Pallarés o Emilio El Charro.
Entre sus grandes influencias destacan Diego Urdiales, a quien agradece su inmensa generosidad por compartir con él sus conocimientos sobre las embestidas, y Morante de la Puebla, con quien vivió un episodio que marcó su vida personal y profesional. En el año 2018, tras sufrir una grave fractura en el brazo en el campo, Morante lo acogió en su casa de La Puebla durante un mes y medio para que realizara su recuperación. «Me ayudaron con el tratamiento, con las comidas, con la preparación… Se portó como una figura del toreo, es algo de las cosas más bonitas que he vivido y que seguro que no olvidaré», rememoró Marcos sobre este noble gesto.
Redención en la Copa Chenel y el sueño de Madrid El diestro salmantino llega a esta edición buscando quitarse la espina de su anterior participación en la Copa Chenel en Valdilecha, donde tuvo que pechar con el que define como el peor lote posible, llegando a lidiar un toro tan manso y falto de fuerzas que tuvieron que levantarlo «agarrándolo de los pitones y del rabo».
Superado aquel duro trance que rompió sus ilusiones a corto plazo, Marcos se prepara para su próximo compromiso: el jueves 13 de junio en Daganzo de Arriba, donde estoqueará reses de La Machamona y Los Eulogios junto a Manuel Diosleguarde y Álvaro Burdiel.
Ilusionado por la respuesta del público y por devolver a Salamanca «la motivación de ir a los toros», el gran objetivo a largo plazo sigue siendo confirmar su evolución regresando a la plaza de Las Ventas. Pero antes, sueña con conquistar el certamen y que el trofeo descanse en su tierra: «Estaría bien custodiada, es un pueblo donde hay muchísimo profesional que vive del toro bravo», concluyó refiriéndose a una hipotética victoria para La Fuente de San Esteban.
