Historia taurina de Valdemoro: Memoria, tres plazas y el renacer de una afición

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Desde los primeros festejos en 1597 hasta el esperado regreso con el cartel de «No hay billetes», repasamos la evolución taurina de un municipio que se niega a perder sus raíces y mantiene intacta su afición.

Valdemoro es tierra de historia, pero también es tierra de toro. Para entender la profunda afición de esta localidad, hay que mirar atrás, a los carteles antiguos y a las huellas de quienes empezaron todo, porque aquí la afición no solo se mira en los carteles, se mira en la memoria.

De los carros en el Ayuntamiento a la plaza fija A lo largo de su historia, el toro en Valdemoro no ha tenido un solo escenario, ya que han existido hasta tres plazas en distintas épocas, pero siempre con la misma emoción. Los primeros registros taurinos datan de 1597, cuando se corrieron cuatro toros con motivo de la visita de unos marqueses. Durante el siglo XVI fueron frecuentes los eventos con juegos de cañas y de toros, y en 1890 quedó constancia de la actuación de «la Pajuelera», una torera a caballo. Antiguamente, la primera plaza se instalaba en el propio Ayuntamiento utilizando carros y talanqueras. Posteriormente el municipio contó con una plaza portátil, hasta que finalmente se inauguró la actual plaza de toros en el año 1991.

Una plaza para soñar y entrenar Para los vecinos, la plaza era mucho más que un ruedo: era el lugar donde se entrenaba, se compartía y se soñaba. Los novilleros locales recuerdan tener las llaves desde que tenían 15 años para ir a entrenar al albero junto a otros jóvenes promesas, como el novillero local Miguel Manzano. Generación tras generación, el testigo se ha ido pasando para mantener viva esta pasión que se negaba a desaparecer.

Siete años de silencio y un regreso triunfal Sin embargo, hubo un momento en que todo se detuvo: la plaza se cerró y llegaron los años sin festejos. Fue un silencio que pesaba en el pueblo y que afectó duramente a la asociación taurina local, la cual llegó a quedarse con apenas 11 socios y estuvo muy cerca de desaparecer. Pero gracias al esfuerzo incesante de la peña, la afición resurgió. Siete años después de aquel cierre, las puertas volvieron a abrirse por todo lo alto, celebrando dos festejos taurinos que lograron colgar el cartel de «No hay billetes» con llenos absolutos.

Valdemoro ha visto cambiar sus festejos y sus plazas, pero hay algo que permanece inalterable: su afición. Queda demostrado que cuando el toro forma parte de la identidad de un pueblo, el tiempo puede pasar, pero nunca se lo lleva.

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