El sevillano vuelve a la Copa Chenel tras superar una grave cogida y tomar la alternativa, decidido a transformar la obsesión y el miedo en motor para reivindicar su sitio y cerrar la historia que el año pasado quedó inconclusa
El torero sevillano de 27 años, Álvaro Burdiel afincado en Madrid y formado en la prestigiosa Escuela «Yiyo», regresa a la Copa Chenel no solo para competir, sino para culminar la obra que los percances dejaron incompleta en la edición anterior.
La trayectoria de Burdiel como novillero ya anunciaba a un torero de registros exquisitos, con vueltas al ruedo en plazas de la importancia de Madrid, Sevilla y Nimes, y una Puerta Grande en Valencia. Sin embargo, su paso por la pasada Copa Chenel fue una montaña rusa emocional: tras triunfar en Alalpardo —donde mató a su segundo toro ya herido por una cornada—, una grave cogida en Valdetorres de Jarama le arrebató la posibilidad de disputar la Gran Final.
Lejos de amedrentarse, el sevillano utilizó ese tiempo para madurar. El pasado 5 de octubre cumplió su sueño al tomar la alternativa en Las Rozas, de manos de Sebastián Castella y Alejandro Talavante, saliendo a hombros tras una tarde de autoridad.
Burdiel es fiel seguidor de Morante de la Puebla y vive bajo una premisa que heredó del maestro Curro Vázquez: «Los toreros tienen que pensar más y entrenar menos». Esta capacidad analítica, sumada a una personalidad que considera su mayor ventaja, es la que espera que dicte sentencia en el ruedo.
Con un estilo clásico y elegante, Álvaro no deja de mostrarse humano ante la afición. Confiesa que su peor hábito es la obsesión y admite un miedo profundo:
«Mi mayor temor es que las cosas no salgan y que la imagen que dejé el año pasado se difumine»
Burdiel regresa este 2026 a la Copa Chenel convencido de que la evolución que nació del dolor es hoy la base de lo que está por venir.

