La localidad vuelve a vibrar con los toros, recordando los antiguos festejos en la Plaza de la Villa y estrenando un coso que homenajea a sus figuras locales
Cuando se habla de tradición en Daganzo de Arriba, inevitablemente se habla de toros. Tras casi 15 años sin celebrar festejos taurinos, el municipio ha recuperado este año una de sus costumbres más arraigadas. Esta esperada noticia ha llenado de gran ilusión a todo el pueblo, permitiendo a una juventud impaciente vivir por fin los encierros y capeas que sus abuelos les habían explicado en tantas ocasiones. Como señalan desde la localidad, estas primeras vivencias son sumamente especiales porque para muchos representan «las raíces de mi pasión, de mi profesión y de mi vida».
La historia taurina de Daganzo es rica, extensa y cuenta con un gran legado documental. En el museo local, los visitantes pueden encontrar carteles de hace casi 100 años que atestiguan la celebración de grandes novilladas. Antiguamente, el centro neurálgico de estas fiestas era la Plaza de la Villa, el antiguo coso del municipio donde se concentraban «los nervios, la afición y las ganas de vivir las fiestas». Esta infraestructura era levantada por la gente del ayuntamiento, utilizando carros y remolques en la parte trasera para delimitar el recinto, conformando lo que era la estampa más «clásica típica del pueblo» en aquellos tiempos.
La nostalgia por aquellas épocas sigue muy viva entre los vecinos, que aprovechan el regreso de los festejos para rememorar cómo eran sus primeras veces frente a los astados. «Pues mis primeros recuerdos taurinos era cuando yo me hice novio de mi mujer hace ya pues como casi 50, bueno, sin casi 50 años y cuando entonces los toros estaban en la plaza del pueblo», relata con profunda emoción uno de los aficionados locales.
En la actualidad, el municipio cuenta con una plaza de toros ubicada a escasos metros del centro, la cual acaba de ser acondicionada. Sin embargo, no se trata de un recinto cualquiera, ya que lleva el nombre de uno de los «hombres de plata» del momento, natural de Daganzo. El homenajeado recuerda con enorme cariño cómo se enteró de este honor hace cuatro o cinco años, cuando fue elegido pregonero de las fiestas locales.
Según relata el propio protagonista, todo ocurrió en pleno discurso frente a sus vecinos cuando el alcalde se le acercó y le dijo: «Tengo una sorpresa para ti». «De repente saca así un cartel enseñando a los vecinos y yo por detrás y no lo veía y de repente se vuelve y me lo enseña y pone Plaza de Toros de Daganzo», recuerda el homenajeado sobre las instalaciones recién remodeladas. Para él, este gesto sorpresivo por parte del ayuntamiento tiene un valor incalculable: «Es un reconocimiento, me hace sentir muy especial que duda cabe que algo con ese sentido y en Daganzo que me ha visto crecer donde me he criado, pues en mi pueblo es muy bonito».
Con este histórico regreso, Daganzo ha demostrado con creces que «la tradición no hay que perderla» y que la ilusión por la tauromaquia sigue completamente intacta entre sus habitantes. El municipio madrileño reafirma así el sentir popular de sus vecinos: que «unas fiestas sin toros no son fiestas» y que en esta tierra, la figura del toro se vive de una forma absolutamente inexplicable.
